El triunfo del duende

Capítulo 1

Hace miles de años, los duendes del bosque siniestro han ambicionado perpetuar su especie a través de una hermosa virgen humana, más no han logrado su perverso propósito debido a su horrible apariencia, pues además de ser enanos, son grotescos. Su cabello rojo es largo y grasoso, su nariz prominente, su boca enorme con dientes afilados, lengua morada y rasposa, su cara deforme y siniestra, ojos rojos que producen temor, orejas largas y puntiagudas, manos grandes con uñas de gavilán e igual de rasposas que la lengua y que lastiman la piel que tocan. Su cuerpo ovalado y peludo, lo hacen ver como una bestia, pero lo más extraño de todo es su pene. En su estado normal es pequeño, pero cuando se aparea, crece bastante para adoptar la forma y el tamaño de la vagina de su hembra. Los dos testículos son enormes, con cientos de litros de semen acumulado durante siglos, (que les duelen tanto porque no han podido descargarse como deberían). Y es que su simiente es tan preciada, que no la tiran en cualquier parte. El mayor deseo de un duende es poblar el tronco que habitan con varios hijos, para demostrarle a los otros duendes su superioridad si logran que una humana los tome como esposo y único fecundador de su vientre.

Sin embargo, al pasar de los siglos, ningún duende ha tenido suerte. Muchos han amenazado a varios hombres de bellas hijas para que se las entreguen a cambio de dejarlos vivir, cuando por mala suerte estos se cruzan en su camino. Otros en cambio han ofrecido todo su oro como pago por las doncellas, pero nadie ha querido aceptar el trato y para el infortunio de quienes se niegan, su destino es morir a manos de los monstruosos seres.

Poco a poco su raza ha ido muriendo. Cualquiera pensaría que son inmortales, pero lo cierto es que viven algunos cientos de años y al no tener más descendencia, el número de duendes escasea. Muchos emigraron a otras tierras, pero uno muy necio y feo decidió quedarse en la parte más oscura y tétrica del bosque.

Trasppty es el nombre de ese duende lujurioso y malvado. Sus años lo hacen verse aún más feo que los demás, pero los años que le faltan para morir es de apenas cien, así que su negativa de irse de su bosque es porque todavía espera encontrar una mujer que le dé muchos hijos hasta su último día de vida.

El problema es que con la urbanización de los que antes eran campos, le hace imposible moverse con facilidad por las ciudades. El armamento de los hombres ha evolucionado haciéndolos más mortales.

Trasppty puede luchar con ellos sin esfuerzo, pero se ha dado cuenta de que sus energías se desgastan si usa su magia en cosas sin importancia. Su plan ahora es encontrar a su hembra y utilizar todo su poder en manipularla para que sea ella la que lo acepte.

Cada noche recorre las calles de las ciudades cercanas al bosque. Su misión es encontrar una virgen joven, pero hasta el momento esas cualidades no las ha encontrado en una sola mujer, aunque esta noche su buena suerte está a punto de colocarlo en el lugar indicado.

En un pequeño restaurante, trabaja Daniela. Es una joven de veintitrés años, de cabellos rubios ondulados y asegurados con una liga negra. Su cuerpo tiene curvas perfectas, pero las mantiene protegidas de ojos libidinosos, con chamarras gruesas y pantalones largos, (tan largos como sus exquisitas piernas). Su rostro es angelical, tiene ojos grandes y expresivos de color azul cielo. Labios rosas y apetecibles. Piel trigueña y suave como la seda. Sus generosos senos y glúteos no se aprecian por la forma en la que se viste y que la hacen parecer más una vagabunda, que una hermosa mujer.

Daniela sabe que no causa buena impresión y menos en los hombres, pero debido a que su padrastro intentó propasarse con ella a la edad de quince años, decidió que dejaría de provocar al sexo opuesto, (como le dijo ese tipo aquella vez), y mejor se dedica a buscar atuendos que la hagan ver desarreglada.

Su plan ha funcionado desde entonces y por ello no tiene amigos, ni familia, (su madre la corrió por haber tratado de seducir a su macho).

Su padre, (a quien tampoco le importa demasiado), le compró un departamento en una vecindad. Es un cuarto frío y con poca luz. No tiene sillones y apenas y cuenta con una mesa, una silla y una cama.

Su manutención la obtiene de lavar platos en el restaurante. La paga le da lo suficiente para vivir, aunque el ambiente es pesado porque sus compañeros no la toman en cuenta para nada.

No estudia desde los dieciséis y dedica su tiempo libre a bordar ropa que le vende a una señora en un tianguis.

Como todas las noches, sale de su trabajo alrededor de las doce y se dirige hacia su departamento, pero esta vez su ruta cambió porque varias patrullas cerraron la calle que la llevaba directo, así que se va hacia el camino por el bosque que acorta la ruta, (y que en otro momento no usaría si no fuera porque está cansada y quiere llegar pronto).

Cinco minutos después, se arrepiente porque a unos pasos se encuentra una figura deforme y enana que corre hacia ella en cuanto la ve. Por la rapidez en que se movió, no logra evitar que la embista y la tire al suelo.

Sin perder tiempo, el extraño ser, comienza a oler su cabello y luego hace lo mismo por todo su cuerpo. Daniela está asustada y trata de alejarse, pero el hombrecillo le toca su frente y pierde el conocimiento.

                                                                                         PVO TRASPPTY

–Puedo olerlo –pienso mientras continuó pasando mi nariz por el cuerpo inmóvil –es el olor de una virgen, pero su apariencia es la de un chico… ¿será que me habré equivocado?

Enojado, rompo la chamarra del sujeto, pero lo que me encuentro son unos senos cubiertos por un top rosa y babeo porque son una tentación que hacen que mi gordo pene palpite de excitación.

Encantado por la figura que esconde la fea ropa de la mujer, continúo con mi escrutinio. La luz de la luna se cuela por el bosque y me permite ver su rostro y si me excitaron sus dos suculentos senos, su rostro casi me hace tener un orgasmo.

Esta mujer es realmente hermosa. Su cabello se soltó y está esparcido por todo el pasto. Su cara es angelical y los labios se me antojan deliciosos.

La palpitación de mi pene es dolorosa. Sé que puedo aprovechar que la mujer está desmayada, pero si la quiero conmigo por el resto de mi vida, ella es quien debe ofrecerse a mí, sólo de esa manera uniré mi alma con la suya y vivirá los mismos años que yo, así como también morirá cuando yo muera, por eso me alejo un poco y trato de pensar una forma de que me acepte.

El chantaje nunca ha funcionado. Si se asusta buscará apoyo en los hombres y deberé pelear con ellos y mi vida se reducirá.

Sólo hay una cosa que puedo hacer. Si lo hago, igualmente mi tiempo se hará más corto, pero ¿qué son unos diez años menos, si puedo tener una esposa durante noventa años más?

Decidido me le acerco y relamo mis labios resecos que al igual que mi pene, palpitan de deseo.

Despacio me hinco y dirijo mi boca hacia la suya y por fin pruebo el sabor dulce de una mujer a través del beso que le estoy dando.

Sus labios son suaves y cuando abro su boca con mi lengua, siento que mis bolas explotarán por las sensaciones que me provoca el contacto de mi lengua con la suya.

Su saliva sabe mejor que cualquier bebida que haya tomado y de inmediato me hago adicto a ella. Quiero que su boca produzca más de ese delicioso líquido y lo consigo cuando mi lengua se adentra más a la suya, pero al hacer eso mi propia saliva sale y la mujer se la traga. Sonrió porque esta noche no sólo habré conseguido apoderarme de su boca –que ahora sólo ansiará mis labios y los de nadie más –hoy también la haré tener sed de mi saliva.

Contento al imaginarla suplicando por mis besos, enrosco mi lengua con la de ella y me sorprendo al sentirla mover la suya al mismo tiempo que lo hago yo. Al abrir mis ojos veo que la mujer sigue desmayada, pero inconscientemente me está respondiendo el beso. Sé que es la primera vez que ella recibe uno y agradezco que sea así porque me sería más difícil manipular su voluntad si hubiera tenido esta experiencia con alguien de su raza.

Sigo besándola por lo menos diez –o quizás veinte –minutos. No estoy nada cansado y podría besarla hasta el amanecer, pero debo despertarla para que mientras nuestros labios están unidos, ella vea el rostro de quien la ha besado por primera vez, así que toco su frente para quitarle mi hechizo y de inmediato abre los ojos.

Al conectarse nuestras miradas, observo que tiene unos ojos azul cielo muy luminosos. Sé que ella también vio claramente los míos y casi grito de felicidad porque la conexión de nuestras miradas afianzará mi magia sobre su voluntad.

La mujer no se retira de inmediato, es más, no aparta su mirada de la mía y supongo que es porque trata de identificar si esto es real o no, y yo no podría estar más feliz de su lento actuar, porque entre más se mantenga nuestro contacto físico mientras nos miramos, más poderoso será mi dominio.

Un minuto es lo que tarda en recuperar sus sentidos y yo únicamente necesitaba que fueran tres segundos, por lo que no importa que me haya aventado con todas sus fuerzas, pues desde hoy no podrá apartarme de sus pensamientos nunca más.

La mujer se apresura a cubrirse y se va corriendo tan rápido que me sorprende, pero mis carcajadas hacen que no la siga, (de todas maneras, ya he conseguido lo que quería).

Supe su nombre y lo que ha sido de su vida gracias a la conexión que creé entre los dos, así que Daniela acaba de convertirse en mi prometida, ahora sólo falta que sea ella quien ofrezca lo que nos unirá para siempre, y por la manera en que correspondió mi beso, confió en que pronto poblaré el bosque siniestro con miles de hijos que mi mujer me dará por voluntad propia.

                                                                                         PVO DANIELA

Entro a mi departamento y cierro con llave la puerta.

Mi corazón late demasiado debido a la carrera y a las extrañas sensaciones que me azotaron en cuanto vi el horrible rostro de esa criatura que me había robado mi primer beso.

Tanto tiempo tratando de que mi padrastro no consiguiera ni ese mínimo contacto, y esta noche un monstruo se quedó con el momento más dulce que guardaba para cuando conociera al hombre indicado.

La falta de aire resecó mi garganta, y sedienta me dirijo a servir un poco de agua en un vaso, no obstante, algo raro sucede, pues por más agua que tomo, la sed no desaparece. En mi mente deseo poder dejar de sentir sed y un segundo después, escucho una voz tenebrosa detrás de mí y al voltear descubro que el monstruo del bosque está a unos centímetros de mi cadera.

Asustada me alejo, pero choco con la silla y caigo de sentón en el suelo.

–Me has llamado muy rápido, mi amor –el monstruo sonrió y sus dientes en punta me asustaron más –¡dime!, ¿qué deseas de tu prometido?

El miedo a la figura del monstruo no me permitió comprender sus palabras y me mantuve callada.

–Vamos, amada mía –dijo mientras se acercaba –desde hoy cumpliré cada cosa que desees de mí, excepto el deseo de que me vaya… El sello creado entre los dos no podrá romperse a menos de que te suicides.

–¿Cuál sello? –finalmente pude hablar.

–El sello de la unión de almas… Por medio del beso que nos dimos en el bosque, tú has quedado unida a mí por la eternidad.

–¡Yo no lo besé! –grité desesperada.

–No importa… el sello se crea solamente por la unión de nuestra piel, ya sea por beso o… –sonrió más sombríamente – o si tenemos sexo.

Sus palabras me dejaron sin habla. En el lapso de tiempo en que mi mente no coordinaba mis movimientos, me dediqué a mirar con atención al monstruo y vi que a pesar de tener el cuerpo deforme, este se asemejaba más a un enano que a un animal, (aunque eso no quitaba el hecho de que era horrible). Luego de varios minutos, pude asociarlo con una imagen que vi en un libro de cuentos que leía cuando era una niña y supe que frente a mí se encontraba un duende.

–¿Vas a decirme qué es lo que deseas de mí, o en realidad lo que querías era ver a tu prometido?

–¡Lo único que quiero de ti, es que te vayas! –me levanté y lo encaré.

–Te repito que puedes pedirme todo lo que desees, menos que me vaya o que rompa nuestra unión eterna.

–No hay una unión eterna… jamás voy a ser la mujer de un duende asqueroso.

–Pues lo siento mucho, mi amor, pero vas a tener que aceptar que no podrás deshacerte de mí en toda tu vida, y como veo que no quieres que te ayude, pero sigues deseando que permanezca aquí, voy a acostarme en tu cama.

–Yo no estoy deseando que te quedes.

Le dije siguiéndolo. El duende saltó hacia mi cama y se recostó con los brazos y las piernas cruzadas. Sus ojos rojos me miraban con diversión.

–Recuerda lo qué deseaste antes de que apareciera.

Hice memoria y a mi mente vinieron las palabras que dije.

–Lo único que pedí es que se me quitara la sed.

–¡Ahí está!… deseaste eso y yo aparecí. Mi amor, probaste mi saliva y sólo con ella desaparecerá tu sed, y si tienes hambre, temo decirte que también necesitarás otro tanto.

Mi boca se abrió por la sorpresa… Sus palabras no podían ser ciertas. Me niego a creer que tenga que soportar su asquerosa boca sobre la mía una vez más. Aún tengo el amargo sabor de su saliva y sé que si la vuelvo a probar vomitaré.

Sin decir nada regresé a la mesa y me puse a tomar agua como desesperada, pero una hora después de ingerir dos litros, mi sed sólo se hizo insoportable y debido a la frustración salieron lágrimas de mis ojos.

–Te dije que sólo mi saliva aliviará tu sed, pero eres demasiado necia –miré hacia la cama y el duende me veía con diversión.

Quería buscar algo con qué golpearlo, pero la falta de líquido afectaba mis movimientos. Traté de cerrar los ojos para dormirme, sin embargo, empecé a sentir que el calor quemaba mi garganta, y resignada me levanté para acercarme a la cama.

Abatida me senté cerca del duende y él de inmediato se hincó junto a mí.

–¡Di lo que deseas, pero esta vez, debes llamarme por mi nombre!

–¿Cuál es tu nombre?

–Trasppty

–Trasppty, deseo que me quites la sed.

El duende se apresuró a capturar mi boca con la suya.

Tenía escasos segundos de haberme besado, cuando el ardor en mi garganta empezó a apaciguarse. El hombrecillo empujó su lengua y aunque no quería obedecerlo, terminé por permitirle que la metiera dentro y la juntara con la mía.

Entre más tiempo pasaba, más libertades le daba y lo peor es que yo también le correspondí en igual forma y si él enredaba su lengua con la mía, yo hacía lo mismo.

No supe el momento en que me acosté en la cama y al abrir mis ojos vi nuevamente su horrible cara. En el bosque, nuestras miradas se habían conectado, pero ahora el duende estaba más concentrado en el beso y mantenía sus ojos cerrados. Un cosquilleo en mis manos me hizo llevarlas hasta posarlas al lado de su grotesca cara. El duende abrió sus ojos y por el brillo de felicidad que reflejó, presentí que me iba a arrepentir de haberlo tocado.

Lentamente el duende fue separando su boca de la mía para dirigirla hacia mi cuello. Mis manos no soltaban su cara, pero no tenía fuerza para detener su avance, (es más, parecía que eran mis propias manos las que lo guiaban).

La lengua del duende lamió y chupeteo mi cuello y mis oídos, pero me asusté cuando sentí que se estaba abriendo paso por la piel de mis hombros.

Me incorporé un poco y pude ver que mis manos ya no se encontraban en su cara, sino que el duende las sujetaba para ser él, quien dirigía sus movimientos. Fueron mis propias manos las que bajaron el cierre de mi chamarra y luego la abrieron, dejando al descubierto mi top rosa, (única prenda que protegía mis senos).

Quería gritar, pero me daba miedo su reacción, aunque me tranquilizó un poco ver que sólo retiró la chamarra de mi cuerpo y se puso a lamer mis brazos y manos.

Cuando estos quedaron mojados de tanta baba, su boca regresó a besar mis labios y continuamos así por un muy largo tiempo.

Al sentir que ya no tenía sed, me levanté y sin mirarlo me fui a encerrar al baño.

Quería lavarme, pero para mi mala suerte no había agua y tuve que usar mi toalla para secarme los brazos. Tardé un poco porque el líquido que había en ellos era muy pegajoso. Una vez terminado mi aseo, coloqué mi toalla en su lugar y salí del baño.

Gracias al creador, el duendecillo ya no estaba y de inmediato me dejé caer en mi cama, exhausta por la terrible noche que había pasado.

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